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El MIT confirma que el misil nuclear ruso Burevestnik es más peligroso de lo que se creía

Un análisis del MIT revela que el Burevestnik, el misil de propulsión nuclear ruso, podría generar una contaminación radiactiva mucho mayor de lo estimado, reviviendo los riesgos que llevaron a EE.UU. a cancelar un proyecto similar en los años 60.

El misil de crucero de propulsión nuclear ruso 9M730 Burevestnik, apodado 'Chernóbil volador', ha sido objeto de un nuevo estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que confirma los peores temores: su funcionamiento podría liberar niveles de radiación muy superiores a los inicialmente calculados, lo que lo convierte en un arma de consecuencias ambientales devastadoras.

El Burevestnik fue presentado por el presidente ruso Vladímir Putin en 2018 como parte de un nuevo arsenal de 'supermisiles' capaces de esquivar los sistemas de defensa antimisiles. Sin embargo, desde entonces ha acumulado retrasos y accidentes en sus pruebas, lo que ha alimentado las dudas sobre su viabilidad. El concepto no es nuevo: en la década de 1960, Estados Unidos desarrolló el Project Pluto, un reactor nuclear montado en un misil que fue cancelado precisamente porque dejaba un rastro radiactivo a su paso y no existía un lugar seguro para probarlo.

El estudio del MIT, liderado por el profesor de ciencias nucleares R. Scott Kemp, modeló las emisiones de partículas radiactivas durante el vuelo del misil. Los resultados indican que, incluso en condiciones normales de operación, el Burevestnik liberaría una cantidad significativa de productos de fisión, contaminando amplias zonas del territorio sobrevolado. En caso de accidente o fallo, la liberación podría ser catastrófica, comparable a la de un accidente nuclear de gran escala.

El análisis subraya que el diseño del misil, que utiliza un reactor nuclear para calentar el aire y generar empuje, no puede evitar la emisión de partículas radiactivas debido a la erosión del combustible y la corrosión del reactor. A diferencia de los reactores nucleares terrestres, que están contenidos en estructuras de blindaje, el reactor del Burevestnik está expuesto al flujo de aire, lo que facilita la fuga de material radiactivo.

Las implicaciones son profundas: si Rusia llegara a desplegar este misil, cualquier uso, incluso en un conflicto limitado, podría contaminar regiones enteras y poner en riesgo a la población civil durante décadas. Además, el estudio cuestiona la utilidad militar del arma, ya que su rastro radiactivo la hace fácilmente detectable y podría violar tratados internacionales sobre armas nucleares.

Hasta el momento, ni el gobierno ruso ni los desarrolladores del misil han respondido a las conclusiones del MIT. La comunidad internacional sigue de cerca los avances del programa, mientras que los expertos en control de armamentos instan a una mayor transparencia.

Fuentes: - Xataka: Intuíamos que el “Chernóbil volador” de Rusia era un misil nuclear peligroso. El MIT acaba de confirmar que es mucho peor

El Burevestnik es un riesgo innecesario y desproporcionado.

El estudio del MIT no hace sino confirmar lo que muchos sospechábamos: el Burevestnik es un artefacto militarmente cuestionable y ambientalmente peligroso. La historia ya nos había dado una lección con el Project Pluto, cancelado por razones similares. Que Rusia insista en esta tecnología sugiere que priman la disuasión y la propaganda sobre la seguridad y la utilidad real.

Me preocupa que, al igual que ocurrió con otros sistemas de armas, la mera existencia del Burevestnik pueda escalar tensiones sin aportar una ventaja estratégica clara. Su capacidad de contaminar vastas áreas lo convierte en un arma de destrucción masiva ambiental, no solo militar. En un contexto de creciente inestabilidad geopolítica, este tipo de desarrollos deberían ser sometidos a un escrutinio internacional más riguroso.

El Analista

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